¿Quién soy?

Soy Antonio, pero unos me llaman Pérez, otros Pericles y otras cosas, depende… me gusta la música popular y el Rocío, me gusta mi familia y las cosas bien hechas, a las que procuro dedicarles mi tiempo.

Desde que conocí el Rocío, me cautivó el sonido de la gaita y el tamboril, la afición no me viene de herencia,  pero el timbre y el color de su sonido se me metieron tan adentro, que ahora que tengo tiempo, todo se lo dedico a su estudio y realización en el taller, que a tal efecto me he ido montando poco a poco.

Mi afán por aprender de forma autodidacta y una larga vida laboral entre fraguas, soldaduras, máquinas-herramienta, ordenadores, diseñando y construyendo maquinaria para diversos sectores de la industria, es la escuela en la que me he formado.

El amor a la música, mi gran afición sin la que no podría vivir, el embrujo del folklore que tanto llama mi atención y el amor por los objetos bellos, inculcado por mis padres, incansables trabajadores e ingeniosos artesanos, es lo que tengo a gala de impregnar en la madera de mis flautas.

Cuando comencé este proyecto, pensé que era fácil con mis conocimientos hacer unos agujeros a un palo y comenzar a pitar,… cuán equivocado estaba.

Ante los repetidos fracasos, tuve que armarme de paciencia y leer todo lo que encontré referente al tema, analizar diferentes flautas, beber de muchas fuentes, aprender mucho sobre maderas, realizar infinidad de ensayos con diferentes materiales, construir mis propias herramientas… Todo esto antes de conseguir hacer sonar a “ese palo”.

Ahora que veo las dificultades que encierra la construcción de una gaita rociera, no tengo mas remedio que quitarme el sombrero y reconocer el arte que tenían los antiguos constructores de flautas, que tan solo con la madera que encontraban en el monte, un cuerno o un hueso, las “medidas del pastor”, la navaja, un hierro candente y poco mas, eran capaces de hacer un instrumento tan genuino como la flauta o gaita rociera.